Anuncios

BUSCAR

Google


novedades

Verano a pleno sol

Que el sol es beneficioso para la salud no es secreto para nadie. Tampoco lo es que tomarlo en exceso es un enorme peligro.

sol

Indispensables para la vida, los rayos solares tienen un papel fundamental en algunos procesos de nuestro cuerpo, como la mineralización ósea, lo que otorga solidez a nuestros huesos. Responsable a la vez de asuntos tan impensables como el buen humor, el sol puede convertirse en un severo peligro para la salud si abusamos de él. Del envejecimiento al cáncer de piel, provocan una larga batería de males.

Para evitar que sus rayos ultravioletas penetren en nuestra piel (el 20% de ellos alcanza los niveles más profundos de nuestra piel) se hace indispensable el uso de protectores solares. Su nivel de protección depende de la clase de nuestra piel.

Una calificación elemental (lo más recomendable es aconsejarse por un dermatólogo) señala que los protectores solares hasta índice 10 protegen levemente y resultan insuficientes para exposiciones estivales prolongadas como, por ejemplo, toda una mañana en la playa. Los de índice entre 15 y 25 otorgan protección media y están aconsejados para pieles mates. Entre 30 y 50 son de alta protección y sirven para todo tipo de pieles, siendo los más habituales. Por último, los de índice superior a 50, de muy alta protección, son indispensables para pieles sensibles.

Otro aspecto interesante de los protectores es su presentación. El excipiente (crema, leche, 'spray', aceite, lápiz, etc.) está en razón del uso que le demos. Leches y aceites suelen ser idóneos para el cuerpo, mientras que las cremas se recomiendan para la cara. Los lápices son para labios y zonas determinadas de la cara, como el entorno de la nariz.

No menos importante es este elemental decálogo:

* Evitar la exposición solar entre 12:00 y 1700 horas.
* Darse protector solar con frecuencia (máximo cada hora y media).
* Comenzar a tomar el sol de manera progresiva.
* Protegerse los ojos del sol con gafas de alta capacidad de filtrar rayos UV.
* Protegerse la cabeza con un sombrero.
* Evitar quedarse largo tiempo bajo el sol, aunque se use protector.
* Los niños de menos de 5 años no deben tomar el sol nunca; protegerlos con su ropa y sombrero y bajo la sombrilla.
* Evitar tomar el sol después de la comida.
* No utilizar sustancias fotosensibilizantes.
* Beber agua abundante. Dos litros mínimos para una jornada de playa.

 


 

Kitesurf, el ultimo hijo del viento

Es un deporte rabiosamente nuevo, pero a la vez tiene antiguos orígenes. Tiene su razón de ser en el viento, aunque son tres los padres de los que procede. Como tantas otras veces, nos vemos obligados a denominarle con un nombre extranjero, en inglés; lo habitual. Hablamos del 'kitesurf', deporte cuya traducción podría ajustarse a plancha con cometa.

kitesurfEl 'kitesurf' consiste en deslizarse con una tabla similar a las del 'surfing', pero mucho más corta, sobre la superficie del mar, impulsado por una cometa, para despegar en las crestas de las olas y realizar figuras acrobáticas mientras se está en el aire.

Tres son las influencias directas de otros deportes. La primera del 'bugy', esos cacharros, también enormemente raros, similares a los 'karts', que se impulsan por cometas y que suelen verse en algunas playas. La segunda del 'windsurf', de quien ha cogido todos los preceptos de navegación sobre la tabla. La tercera del 'surf', de quien copia todos los trucos de deslizamiento sobre las olas.

Aunque como deporte de reglas, materiales y competiciones bien definidos el 'kitesurf' aparece en 1996, sus orígenes son mucho más antiguos de lo que puede pensarse. Según algunas referencias, en el siglo XII ya había pescadores en las costas de China y sudeste asiático que aprovechaban la fuerza del viento para mover sus embarcaciones por medio de cometas.

El primer uso lúdico, o deportivo si se quiere, de una cometa para navegar se debe al norteamericano Samuel Cody, quien en 1903 utilizó estos artilugios para cruzar el Canal de la Mancha. En 1977, el holandés Adrianus Panhuise patenta un deporte en el que utiliza una tabla de 'surf' movida por un parapente. Por fin, a comienzos de la siguiente década, el francés Arnaud de Rosnay, cambia por primera vez la vela de windsurf por una cometa: nacía el 'kitesurf' moderno.

Desde entonces, las costas españolas se han convertido en uno de los paraísos para este deporte, de la Costa Brava al litoral gallego y de Levante al País Vasco. Aunque hay dos lugares inexcusables, los mejores, dicen los fanáticos del kitesurf.

Uno es Tarifa, en Cádiz. El otro las playas de Sotavento, en Pájara, sur de la isla de Fuerteventura. Es precisamente allí, donde se celebra el Campeonato Mundial de 'Kitesurf'.

 

Más información: El portal del 'kitesurf' en España