Manchas de
la piel
El paso del tiempo,
agentes contaminantes y alteraciones
internas producen manchas en el rostro.
Estas se generan por la sobreproducción
de melamina y tiñe la piel
con pigmentos de distintos tonos de
una piel normal. Antes de que se exponga
al sol, preocúpese de esas
manchitas.
La mayoría
de las manchas en la cara o en el
cuerpo normalmente no son dañinas.
Sin embargo, son antiestéticas:
cuando estos spots presentan un color
oscuro, se debe al exceso de melanina,
sustancia que produce el pigmento
de la piel. Las causas pueden ser
internas o externas. En el primer
caso, el exceso de consumo de hierro
o cambios hormonales (por embarazo
o menopausia) pueden ser la razón
de la aparición de manchas.
Mientras que las causales externas
pueden relativas a la ingesta de ciertos
medicamentos y/o anticonceptivos y,
principalmente, a la exposición
al sol. Además del daño
que producen los rayos UVB y UVA,
tomar sol con cosméticos y
fragancias que contengan alcohol también
puede generar manchas en el rostro
mientras que las llamadas manchas
de la edad son producto de años
de exposición al sol sin protección.
Además de tratamiento farmacológicos,
hay productos cosméticos que
ayudan a atenuar efectivamente las
manchas oscuras en base a ingredientes
vegetales, que combinan una exfoliación
natural (como extracto de palo de
frambuesa), previenen la sobreproducción
de melanina, bloqueando la tyrosinasa,
enzima que causa la producción
de melanina (derivados de vitamina
C) y el extracto de genciana que atenúa
el enrojecimiento. El objetivo de
estos productos es obtener una piel
de color uniforme.
 |
Ejercicio para unos muslos delgados
No necesitas ser
una fitness-adicta, el truco es saber
qué ejercicios hacer.
En
casa: Aprende una serie de
movimientos lentos y controlados que
puedes integrar en tus actividades
diarias: Mientras te lavas los dientes,
cocinas, esperas el autobús,
ves la televisión...
La
silla invisible: Apoya la espalda
contra la pared, con las piernas separadas
a la altura de los hombros. Mete tripa
y aprieta los glúteos. Ahora
vete bajando el cuerpo a lo largo
de la pared hasta que las rodillas
estén dobladas en un ángulo
de 135-90º. Es como si estuvieras
sentada en un banco invisible. A medida
que vayas practicándolo te
sentarás cada vez más
abajo hasta alcanzar los 90º.
Aguanta veinte segundos. Con el tiempo
resistirás un minuto. Repite
cinco veces.
Sentada
en tu despacho: Colócate
en el borde de la silla, sin apoyar
la espalda con las piernas juntas,
las rodillas dobladas y los pies planos
sobre el suelo. Mantén tu espalda
recta y relaja los brazos, de forma
que la contracción muscular
quede centrada en nalgas y muslos.
Cuenta hasta cinco; después
intenta aguantar hasta diez. Repite
tres veces.
Esperando
el ascensor: De pie, con la
pelvis contraída, los talones
separados como unos 15 centímetros
y los dedos apuntando hacia fuera.
Levanta los talones, apoyándote
en la pared si es necesario. Concentra
la tensión muscular en la parte
frontal y a los lados de los muslos.
Cuenta hasta diez y vuelve a la posición
inincial. Tres veces. Ahora otras
tres veces, con los dedos apuntando
hacia dentro.
En
el metro o autobús:
Siéntate derecha con las rodillas
juntas y pies ligeramente separados.
Aprieta las rodillas una contra otra,
sintiendo la contracción en
la parte interna de los muslos. Simultáneamente
contrae los músculos de las
nalgas y abdomen. Cuenta hasta diez
y relájate. Al menos tres veces.
Los
mejores deportes:
Jogging, marcha rápida, cinta
de correr. Subir y bajar escaleras:
Ejercita glúteos y músculos.
Bailar: Muy aconsejable para las piernas.
Bicicleta: Ejercita la parte frontal
y trasera de las piernas. Nadar: El
estilo braza tonifica la parte interior
de los muslos.
MOCHILAS
En
los años 50 existían
las llamadas tipo GENDARMERÍA
de lona, cosidas con hilo de cáñamo,
correas de lonas de cuero, y en la
espalda, entre lona y cuero, un triángulo
de cañas tacuara como armazón.
Representaba toda una época,
muy fuerte, prácticamente irrompible,
pesada (entre 2 y 3 kgs) todo el peso
recaía sobre los hombros con
apoyo en la espalda. Años mas
tarde apareció como gran novedad
"el armazón", que
era un triangulo de caño de
hierro con los extremos rodeados de
cuero suela cosido a la lona y con
una riñonera plana. Eran pesadas
y dejaban caer todo el peso sobre
los músculos trapecios (que
unen el cuello con los hombros).
Poco tiempo después
apareció el armazón
rectangular con el cual se obtenía
una mejor separación de las
correas de hombros y sobre todo una
riñonera mas grande y separada,
lo que permitía llevar el peso
a donde debe ir, a la altura de las
caderas (para pasar directamente a
las piernas, sin oprimir todo el tórax).
En los últimos
años se estudió mejor
la anatomía en relación
con el peso, y las mochilas evolucionaron
tomando la forma de la espalda. Sacaron
la carga de los hombros mandándolo
directamente a las piernas con la
riñonera envolvente; los caños
del armazón fueron reemplazados
por aluminio o acolchado; las correas
se hicieron huecas con acolchado interno.
Se lleva el mismo peso, pero de modo
distinto y mejor.
La capacidad
de las mochilas se mide en LITROS
y no en kilogramos. La cantidad de
litros que indique será el
volumen disponible (incluido el espacio
de los bolsillos externos)
Como regla general, una mochila de
30 a 40 litros es para una jornada;
de 40 a 65 litros, para un fin de
semana o pernoctar una noche; y más
de 65 litros, para gran travesía,
de gran carga. Vamos a encontrar modelos
desde 10 litros hasta 90, 100 litros
o más. Pero cuidado, que el
volumen no nos engañe con respecto
al peso que podemos cargar. Es común
que una mochila de 50 litros, pueda
soportar unos 10 kilogramos máximo.
Ante la duda, siempre es preferible
un tamaño mayor. Si es pequeña,
las cosas pueden quedar excesivamente
apretadas y mal colocadas, lo que
la tornaría incómoda
de llevar. Por el contrario, si las
cosas caben con holgura, podemos distribuirlas
bien, y si su diseño es de
calidad, podemos ajustarla para que
los elementos no se muevan en su interior.
Indice
de notas publicadas. |