Por fin, ya era
hora. A este año le ha costado lo
suyo, pero todo llega y, el verano
se acerca. Llega el momento de dejarse
seducir por sus rayos, pero ¡ojo!
con cuidado… No te dejes la piel en
la playa.
Actualmente, casi nadie piensa en
exponerse al sol sin protección, aunque
todavía no todos tenemos plena conciencia
de tomar precauciones en cualquier
situación que implique estar al aire
libre y en contacto sus peligrosos
rayos. El sol, fuente de vida y energía,
ayuda en la absorción de la vitamina
D, combate la depresión, estimula
la melatonina, y es genial para algunas
enfermedades de la piel. Pero su abuso
te puede pasar factura tarde o temprano.
Como sabrás, uno de los peligros más
graves es el cáncer de piel, aunque,
sin llegar a ese extremo, el exceso
de exposición solar queda reflejado
en un envejecimiento prematuro de
la piel, especialmente en zonas sensibles
como rostro y manos, o en antiestéticas
manchas. Por estos motivos, la precaución
es la mejor arma para evitar estas
desagradables consecuencias.
En primer lugar, es aconsejable que
vayas adquiriendo un bronceado lento
y gradual, empezando con exposiciones
cortas y aumentando el tiempo de exposición
de forma progresiva. De esta manera,
se activa correctamente el mecanismo
natural de producción de melanina
de la epidermis. En segundo lugar,
es conveniente emplear productos solares
de amplio espectro de absorción (UVA,
UVB e infrarrojos) y alto índice de
protección ¡como mínimo un 15! Si
vas a exponerte mucho tiempo al sol
o tienes la piel sensible, el factor
de protección solar que deberías usar
no debe ser menor de FPS30. Cuídate
y convéncete de que esta protección
no evita, un bronceado igual de intenso.
Por último, de vuelta a casa, te recomendamos
una ducha con agua templada y la aplicación
de un producto hidratante; los after
sun son cada vez más eficaces y cuentan
con múltiples propiedades que te ayudarán
a fijar el bronceado y a recuperar
tu piel.
''Los
colores actúan sobre el alma''
decía Goethe, y los dividía
en positivos y negativos.
Los maquilladotes interpretamos el
alma dándole color, diferenciando
la buena de la mala. Los colores producen
sobre el cuerpo humano sensaciones
que se materializan a través
de nuestros sentidos. El olfato, el
tacto, el gusto, el oído y
la vista estimulan el cerebro, procesando
y seleccionando sensaciones de placer,
desagrado, excitación, tranquilidad,
etc... Los colores son fenómenos
psicológicos que poseen carácter
propio.
FRAGILIDAD, TRANSPARENCIA,
ENIGMA, LIGEREZA, INFINITO... EL AZUL
Su temperatura de color le proporciona
fragilidad y transparencia. Su visión
relaja el cuerpo y la mente, desacelera
el metabolismo. Es intrigante, enigmático.
Su elasticidad
lo hace distante y extremadamente
ligero. Es estable y crea constancia.
Combinado con
otros colores, los modera.
Evoca la simplicidad,
pudiendo expresar el infinito.
Simplicidad,
estabilidad, estaticidad...
EMOCIÓN,
CELOS, IRA, VITALIDAD, AMOR, FUERZA,
PODER... EL ROJO
Su temperatura de color lo convierte
en altamente emocional, evocando sentimientos
acalorados: la ira, los celos, el
amor. Es sensual y desenfrenado.
La sensación
de pesadez que produce lo convierte
en poderoso, a veces agresivo, sofisticando
labios, dramatizando miradas... enciende
los sentimientos y hiere almas.
Combinado con
otros colores, los dinamiza.
Es vital y predominante.
Sofisticación,
sensualidad, alegría...
TRANQUILIDAD,
RELAJACIÓN, CALMA, ESPACIO,
SEGURIDAD... EL VERDE
Su temperatura de color lo hace tranquilizador.
La sensación que crea de comodidad
y relajación aporta calma y
seguridad. Equilibra las emociones.
Posee una acusada
afinidad con la naturaleza y se relaciona
fácilmente con las estaciones
del año. El verde primavera
es alegre y refrescante, adopta acidez
y exhuberancia para entristecerse
en otoño, convirtiéndose
en la muerte de un ciclo. Combinado
con otros colores, los sosiega.
Evoca el
espacio y alivia el estrés.
Frescor, sosiego,
alivio, esperanza...
MISTERIO, EQUILIBRIO,
SUAVIDAD EL VIOLETA
Su temperatura de color le aporta
paz.
Proporciona calma
interior. Es sedante y equilibrado.
Une con sensibilidad
la fuerza de los rojos y la fragilidad
de los azules.