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fle Una buena rasurada.

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El descubrimiento de un fósil, un pastor alpino cuyos restos mortales fueron encontrados en excelente estado en un glacial austriaco hace algunos años, presentaba una cara bien afeitada y los cabellos recién cortados, lo cual dejó perplejos a los científicos. Se le calcularon 5.200 años de “vida” en su tumba bajo el hielo. ¿Conclusión? Los hombres se afeitaban hace siglos por razones religiosas, de moda y de estatus social. En la vieja Roma sólo tenían derecho a hacerlo los “ciudadanos libres”. El Papa León IX instituyó la tonsura y el afeitado diario en el año 1050, pero King Gillette sólo inventó la hojilla en 1895. Y el estadounidense Schick montó la máquina eléctrica en 1931.

Un poco de historia

En la antigüedad muchos pueblos del Oriente, entre los que se contaban los israelitas, consideraban la barba como una prueba de dignidad varonil. Se pensaba que quitar la barba era una manera figurada de expresar gran duelo con motivo de alguna calamidad.

Se han encontrado en Egipto, Mesopotamia y otros países del Oriente Medio muchos monumentos e inscripciones en los que se representa con barba a los asirios, babilonios y cananeos. En algunas representaciones que se remontan al III milenio a. E.C. se ven barbas de diversos estilos.
Los asirios eran un pueblo de barba espléndida, y llegaban al extremo de la vanidad en los cuidados y atenciones que le prodigaban a su barba: se la rizaban, trenzaban y arreglaban de maneras muy complicadas.

Heródoto (II, 36) dice que los egipcios se afeitaban tanto la cara como la cabeza. Para los hombres era una prueba de duelo o falta de aseo dejarse crecer el cabello y la barba. El libro Everyday Life in Ancient Egypt (La vida diaria en el antiguo Egipto) señala que los egipcios “se distinguían por no tener mucho vello, y se enorgullecían de andar bien rasurados, para lo cual empleaban elegantes navajas que guardaban en hermosas fundas de cuero”.

En la antigua sociedad griega era normal que todos los varones llevaran barba, excepto los nobles, quienes frecuentemente se afeitaban al ras.

Parece que en Roma, la moda de afeitarse surgió en el siglo II a.E.C., y por siglos prevaleció la costumbre de hacerlo a diario.
A la caída del Imperio romano, sin embargo, se impuso nuevamente la barba, y se siguió llevando por unos mil años, hasta la segunda mitad del siglo XVII, cuando se puso de moda afeitarse.

La imagen del hombre bien afeitado predominó durante todo el siglo XVIII.

Pero, en la segunda mitad del siglo XIX, el péndulo empezó a oscilar otra vez hacia el lado contrario. A principios del siglo XX, la costumbre de afeitarse resurgió una vez más, y su popularidad se ha mantenido en la mayoría de los países hasta nuestros días.

Consejos para usar hojas de afeitar

El libro Men’s Hair presenta las siguientes recomendaciones para conseguir una buena afeitada con cuchillas.

  1. Ablande la barba. La única forma de suavizar los pelos por completo es aplicando agua caliente en abundancia. Si es posible, aféitese después de bañarse, pues así da más tiempo para que el agua los ablande.
  2. Aplíquese productos antes de afeitarse. Todos los jabones, espumas, cremas y geles logran básicamente tres cosas: 1) hidratan los pelos, 2) los mantienen rígidos y 3) lubrican la piel para que la hoja se deslice con mayor suavidad. Elija el producto que mejor le funcione. Por cierto, ¿ha probado con el acondicionador (enjuague) del cabello? También está hecho para suavizar el pelo.
  3. Use correctamente la hoja apropiada. La hoja de afeitar apropiada es la que tiene buen filo; de otro modo, dañará la piel. Corte en la dirección del crecimiento del pelo. Si lo hace en dirección contraria, quizás obtenga una mejor afeitada, pero al hacerlo puede cortar el pelo más abajo de la epidermis, con lo que corre el riesgo de que este crezca hacia dentro en lugar de salir por los poros. Según algunos expertos, tanto en los hombres como en las mujeres, los hábitos descuidados a la hora de afeitarse pueden provocar infecciones virales que generen verrugas.
  4. Protéjase después de afeitarse. Cada afeitada elimina de la piel una capa celular microscópica, dejándola vulnerable. Por ello, es importante enjuagarse bien la cara para que no queden residuos, primero con agua tibia y luego con fría para cerrar los poros y atrapar la humedad. Si lo prefiere, puede aplicarse una loción humectante para después de afeitarse a fin de proteger y refrescar la piel.

tipos de barba

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